Desapariciones

Andrés de Luna

Resumen


El cuerpo forma parte de lo visible. Aparece y desaparece, está ante nuestra vista y de pronto es figura evanescente y nebulosa. Frente al espejo nos encontramos con un hecho insoslayable: nos vemos y tal vez nos identificamos con esa parte que aparece fuera de nuestro campo visual y que de pronto admite una forma que nos resulta familiar. Sin embargo, y eso lo sabemos ahora, somos parte de esa mirada que arropa y desnuda, descubre e ignora. Jacques Lacan contaba una historia que le inquietó sobremanera: un día, cuando contaba con veinte años, navegaba en las aguas de Bretaña, de pronto uno de los marinos del navío lo alertó sobre una cosa que flotaba entre las olas. El hombre comentó: “¿Ves esa lata? ¿La ves? Pues bien, ¡ella no te ve!” Al hombre le pareció gracioso pero a Lacan le desconcertó al punto que reflexionó: pese a todo, me mira. Me mira al nivel del punto luminoso, donde está todo lo que me mira. Algo parecido encontramos en el filme Crímenes y pecados de Woody Allen, en donde un oftalmólogo comete un crimen de apariencia perfecta. Sin embargo, ha olvidado que la mirada de Dios, según el filme, ha contemplado los hechos. Es decir, por más que escondamos nuestro cuerpo y nuestros hechos a la mirada de los otros, siempre existirá una red de ojos, de puntos luminosos que desborden nuestro secreto y que hagan de nuestra realidad un universo que se abre a la mirada expectante de los demás, de nosotros mismos. Para unos será esa mirada omnipotente de Dios, para otros la simple constatación de que formamos parte de lo visible, de lo que se despliega ante la mirada de los otros.


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© Diecisiete, teoría crítica, psicoanálisis, acontecimiento, 2011 - 2015