Expediente


Abordajes de actualidad

Eleonora Cróquer Pedrón (Venezuela)

«Esto es: un deseo que, sólo él y porque fundado en una lógica del ‘no-Todo’ y desasido de cualquier recurso a la identificación con un significante ‘Amo’ que obture su propia incompletitud e inconsistencia, deviene capaz de ‘invent[ar] retroactivamente su causa’. Este sería, por supuesto, el sujeto llamado a intervenir/actuar como “productor” en el campo expandido de una gestión crítica de/desde la cultura. Un sujeto dispuesto, pues, a asumir la fuerza performativa de la cultura a conciencia de la potencia subjetivante e instituyente —la potencia crítica— de sus prácticas desde la responsabilidad virtuosa de su propio ‘deseo decidido'». Aquí la elaboración de Eleonora Cróquer Pedrón a propósito de una posible Gestión crítica de la cultura en nuestro convulso tiempo, bajo la forma del registro videográfico de su lectura, seguido por el texto leído.

 

 

 

Marcela Mandiola (Chile), Mateo Bedoya (Colombia), Laurent Ogel (España)

 

La gestión ortodoxa, clásica o mainstream, como discurso, construye sus propios objetos, que son administrables; la “madre tierra” no es un objeto de la gestión, no es un agente económico, no es un ente administrable, a lo más podría caer en el gran saco de las externalidades económicas (daños colaterales) porque considerar a la tierra no como un objeto del cual extraer riquezas, sino como un concepto simbólico, la pondría en una posición de derechos, dejaría en segundo lugar la lógica extractivista. Mientras eso no pase, mientras la lógica gubernamental sea la de la gestión, no habrá manera de que conceptos tan abstractos logren permear esa lógica productivista. Hay que construir otros conceptos, la pregunta es qué es lo que cuentan.

Ruud Kauligfreks (Países Bajos)

El managerialism y la vida administrada canalizan el sentido al presentar sus valores como la única manera de tener una vida significativa, es decir, restringen la posibilidad de significado. No se preocupan del sentido de las cosas, sino de que todo funcione eficientemente, que las organizaciones cumplan sus objetivos, que la sociedad se regule, sin preguntarse para qué se regula.