Escrituras

Estábamos juntos

Por eso, creo yo, desde pequeña, la sociedad ya me tenía aislada. Yo no disfruté de la niñez ni de la juventud. No podía reunirme con otros niños para jugar, así como lo hacen todos. Me pusieron mis papacitos en la escuela. Antes, era de dos jornadas, uno iba de mañana y salía a las 12, algo así. Luego, se entraba a las dos de la tarde, nuevamente. Me fui en la mañana a la escuela, muy contenta, y volví a casa muy contenta, también. En la tarde regresé a la escuela, pero ya no pude entrar. Todos los padres de familia se habían levantado para quejarse con las autoridades, para reclamarles que una niña leprosa no podía estar junto a sus hijos, y que yo no podía estar en la escuela. Entonces, la profesora, quien era mi madrina de bautizo, ya no pudo recibirme porque había una orden de las autoridades de no hacerlo. Regresé a la casa, recuerdo, la cabeza agachada, porque yo quería aprender, yo quería hacer algo, pero la vida no me dejó. La vida me lo negó todo.