Escrituras

Mi hijo nunca se enteró

Yo no tenía espejo. Trabajaba muchísimo, con las viejitas, ayudándoles en los servicios. Un buen día, por algún motivo, me encontré un espejo y me miré. Mi cara era negrita, negrita. Era el efecto de una de las pastillas que se toma en el tratamiento. Esa pastilla hace a la persona muy negrita pero al mismo tiempo le cura la enfermedad. Después de un tiempo, uno retoma el color. Entonces al mirarme al espejo me dije: Se acabó mi vida, se acabó todo. Todo, todo, todo, todo. Ya no tengo familia, no tengo a nadie. Me preguntaba: ¿Cómo voy a ir a mi tierra así, negra, me van a preguntar qué tengo? Y ahí ¿qué les digo? Entonces, mi esposo—pues, lo es ahora—me dijo: No se preocupe, va a salir del problema. Yo conozco mucho. Uno se blanquea, y no le van a quedar secuelas de la enfermedad. Esa motivación me ayudó a salir adelante.