Expediente

Incertidumbres

Estos son tiempos de extrema inseguridad. Que la crisis nos tomó por sorpresa, es decir lo obvio. Que el mundo cambió radicalmente en el espacio de semanas, nos desorienta a todos. Hablar del futuro es más difícil aun pues está muy claro que el futuro es incierto. Debo decir que todavía no entiendo lo que pasa y menos lo que puede llegar a pasar. Escribo algunas observaciones y pensamientos sueltos, un poco para ordenarme a mí mismo.

 

¿Neoliberalismo?

El cambio es tan profundo que no nos puede dejar tranquilos. Quiero decir, las medidas adoptadas por los distintos gobiernos han cambiado las formas elementales de la sociedad, al punto de que va a ser casi imposible volver a la normalidad. Si es que aún podemos hablar de normalidad. Es asombroso cómo los gobiernos deciden, cada uno por su cuenta, las medidas a tomar y la sociedad acata las directivas e incluso las espera. En muy poco tiempo el neoliberalismo se ha puesto entre paréntesis y el adagio de Thatcher de que no hay sociedad, solo individuos, desapareció para transformarse en una obediencia al Estado. El Estado toma su posición y se transforma sin ninguna discusión en un Estado autoritario con formas de control hasta ahora impensables. No solo en Hungría se despide la democracia para regir por decreto, sino que otros estados implementan formas de control que hacen desaparecer libertades ciudadanas. En España, el gobierno controla el movimiento de los celulares. En toda Europa aparecen drones para controlar a la población y ordenar traslados o para recluir a la gente. Tal como lo dijo Agamben, estamos en un estado de excepción donde las libertades no cuentan. Todo entendible desde el punto de vista de la seguridad y la sanidad. Pero lo hemos visto antes, medidas de seguridad temporales se mantienen por años hasta que nadie las cuestiona y pasan a ser parte de lo cotidiano, como lo demuestran todos los aeropuertos del mundo. Es muy probable que el Estado mantenga este nuevo rol y controle a los ciudadanos por mucho tiempo más. Además, estamos seguros que la crisis es temporal, pero ¿cuándo pasará la crisis? ¿Cuál es el momento en que se dirá que todo pasó y volvemos a la normalidad?

 

¿Economía estatal?

Los distintos gobiernos se apresuraron a calmar a la ciudadanía prometiendo que los salarios y las empresas van a ser ayudadas. Últimamente empezamos a oír que tal vez no todo se salve y no todo será pagado. Es muy probable que los distintos Estados salven muchas empresas de la quiebra con prestamos y subvenciones. No es descabellado pensar que toda esta ayuda vaya junto con otras. Y si estamos en esa, no hay mucha distancia de una economía estatal, donde el neoliberalismo desaparece para subyugarse a la nacionalización de las empresas. O también se puede decir que el emprendimiento individual y la competitividad que pregona el neoliberalismo dará paso a una idea de bien común gestionada por las instituciones democráticas, es decir, el Estado. El bien común tan desprestigiado por el neoliberalismo podría ser el gran ganador de la crisis.

 

Hablando del Estado, es sorprendente cómo cada gobierno toma decisiones por su cuenta sin que haya alguna instancia común, aunque fuera de consulta. Esto es especialmente sorprendente en Europa, donde la Comunidad Europea ha estado pregonando desde hace años un actuar en conjunto. Más aún, conflictos entre el norte y el sur de Europa empiezan a aflorar sobre cómo combatir la recesión y la crisis económica que se nos viene encima. La subsistencia de la Comunidad Europea y de muchos pactos y mercados comunes a través del mundo podría fácilmente estar en juego. Se puede incluso postular un cambio de la balanza de poder en el mundo. Si el Estado retoma el poder en cada país es muy fácil que las instituciones supranacionales se debiliten. El nacionalismo económico está a la vuelta de la esquina.

 

¿Lo social?

La crisis hace replantear la idea de lo social. La paradoja de la reclusión es lo más visible. Ser social hoy en día es tener el mínimo contacto con el otro. Recluirme es una actitud social, acercarme al otro es egoísmo. Vemos, desde la reclusión, todo tipo de comunidad, aplausos, cantos, conciertos. Pero también iniciativas de ayuda mutua mientras aparecen nuevas formas de contacto social. Cambios que llevan años de discusiones se implementan de la noche a la mañana, y funcionan. La educación sin clases físicas se desempeña bien en los niveles superiores. Ya se habla de que las universidades no volverán al sistema de clases tal como lo conocíamos sino que trabajarán mucho más con educación a distancia. Los beneficios son grandes y posibilitan ahorros importantes. 17, Instituto de Estudios Críticos es un pionero que seguramente va a ser copiado. Lo mismo sucede con el teletrabajo y muchas formas de deliberación. No siempre necesitamos movernos para vernos. Esto abre un campo de posibilidades hasta ahora casi inimaginables que de seguro serán planteadas. Es decir, el optimismo de una revitalización de lo social no es descabellado, aunque se puede objetar que en una emergencia nos acercamos a los otros para luego alejarnos ya pasada la emergencia.

 

Pero también cabe lugar para el pesimismo. La posibilidad de que con la aguda recesión y crisis económica que se nos viene encima, la violencia pueda aflorar a una magnitud hobbesiana, de todos contra todos. Millones de desocupados y quiebras por todas partes, un empobrecimiento mayúsculo que destruye todo el piso social en el cual estamos. Un futuro oscuro de proporciones apocalípticas se deja entrever y pone más en evidencia que el futuro es realmente incierto y profundo. La paralización del mundo que estamos presenciando indica que volver a la situación de unos meses atrás no es muy probable. El mundo se reordena y otras configuraciones aparecen.

 

¿Teoría del caos?

Es interesante ver cómo la teoría del caos y la famosa mariposa de Lorenz se han hecho realidad empírica de una forma jamás prevista. Si la historia es cierta, el virus apareció porque alguien en China comió un animal mal cocinado (un murciélago medio crudo, se dice); cuatro meses más tarde, el mundo se paraliza y hay una pandemia gigantesca. Las pequeñas cosas que provocan cambios mundiales. Lorenz hablaba de una mariposa en el Amazonas que mueve sus alas y provoca una tempestad al otro lado del mundo… tal vez debiéramos estudiar más la teoría del caos y la interconexión entre sistemas. El peligro de la globalización lo conocíamos a través de los virus, los virus digitales que paralizan las computadoras y se desplazan con una tremenda velocidad a través de la red. Trágicamente, ahora se trata de un virus físico y las seguridades sociales, económicas, sanitarias, laborales, y de libertad personal son cuestionadas y se diluyen en medio de la crisis. Definitivamente no solo es una crisis por el coronavirus sino de la sociedad mundial. No tengo idea en qué vamos a parar…