La compleja realidad en América Latina y en el mundo insta a la recuperación y actualización de los aportes de la Teoría Crítica de la Sociedad, particularmente de la obra de Herbert Marcuse, cuya vigencia, lejos de agotarse, se vuelve más aguda ante los cierres sistémicos del presente. Esta recuperación no nace de un afán meramente escolástico o de una nostalgia por las revueltas de los años sesenta, sino de la urgencia política y existencial de preguntarnos: ¿qué lugar ocupa la crítica radical en un siglo XXI marcado por el agotamiento del proyecto ilustrado y la omnipresencia de la tecnología? Para elucidar la actualidad de sus aportes proponemos la identificación y el análisis de la fisionomía de su pensamiento, de sus avances sobre la crítica a la subjetividad y a la naturaleza interna; la puesta en escena del método y categorías de análisis ante la realidad tecnológica y las querellas de género como retos del siglo XXI, para articular la lectura de Marcuse como índice de posibilidad de cambio.
Para comprender a Marcuse, proponemos despojarlo de la etiqueta de «icono» o «gurú» que la lógica mediática le impuso, pues asumimos que si algo ha envejecido no es su pensamiento, sino la imagen superficial que se construyó de él. Al adentrarnos en su itinerario intelectual, se advierte que el propósito de Marcuse fue “hacer estallar” el conformismo dominante y formular una crítica que permitiera alumbrar nuevas formas de racionalidad y sensibilidad. En este sentido, su itinerario intelectual puede ser entendido como el resultado de un diálogo fructífero entre la experiencia histórica y la teoría, esto es, de una praxis. A diferencia de otros pensadores que se refugian en la abstracción, para Marcuse la teoría crítica partía de la «experiencia bien real de la revolución malograda».
Su pensamiento se forjó en las cenizas de la revolución alemana de 1918-1919 y en el análisis de cómo esa derrota pavimentó el camino hacia el nacional-socialismo y, posteriormente, hacia una estabilización capitalista que integró a los individuos en una sociedad unidimensional.
En su itinerario, uno de los pilares fundacionales de su propuesta es su preocupación por las condiciones subjetivas para la transformación. Marcuse advirtió que el capitalismo avanzado no sólo explota la fuerza de trabajo, sino que genera una crisis de la «naturaleza interna». Advirtió que esta crisis se manifiesta en la atrofia de la capacidad de goce en la domesticación del deseo, y en el conformismo, ya que en la realidad social de sistema capitalista la gratificación queda supeditada al principio de rendimiento, se generan individuos dóciles, adaptados a una realidad que los degrada, y la constitución de las sociedades tardocapitalistas favorece el comportamiento sumiso frente a los abusos del poder.
Frente a este escenario, Marcuse propuso una «transformación radical del sistema de las necesidades». Para él, la trasformación no parte de una mejor distribución de la riqueza; la emancipación exige un cambio cualitativo, la aparición de un «nuevo ser humano» con una sensibilidad distinta, capaz de reivindicar el Eros frente a las pulsiones destructivas del sistema.
Algo fundamental en esta revisión es problematizar la vigencia de sus categorías de análisis frente a los retos contemporáneos. Es destacable el rol del feminismo y la sensibilidad para la transformación. Marcuse vio en el feminismo no sólo una lucha por la igualdad, sino una potencia para transformar las relaciones interhumanas. Para él, las cualidades históricamente tipificadas como «femeninas» (receptividad, sensibilidad, sensualidad) contienen el germen de una nueva relación con la naturaleza y una crítica práctica a la agresividad y la explotación del principio de rendimiento, por ello un aporte de nuestra revisión es analizar cómo esta «dimensión utópica» dialoga con nuestras luchas actuales por la defensa de la vida y el territorio. En este sentido, otro elemento clave es recuperar sus aportaciones para desmantela la trampa del neoliberalismo. Por ello, urge analizar cómo el régimen neoliberal ha «secuestrado» algunas demandas marcuseana como la progresiva «erotización» de las oficinas modernas o el uso de la «creatividad» para estimular la productividad que son una burla de las expectativas de Marcuse, pues lejos de liberar el Eros, estas prácticas lo funcionalizan para el capital.
Nuestra situación histórica está marcada por la crisis socio-ecológica, la reconfiguración geopolítica y una transformación tecnológica que altera nuestros procesos cognitivos, vitales, colectivos. Marcuse nos ofrece herramientas para identificar los mecanismos de integración ante la pregunta por cómo es que hoy, ante la precariedad extrema, el miedo se ha convertido en el vector fundamental de la vida social; también para diferenciar supervivencia de emancipación, pues en un mundo donde las protestas a menudo se reducen a pedir empleo o salud, Marcuse nos recuerda que la lucha debe ser por una «vida que merezca ser vivida»; y para mantener el «Gran Rechazo» frente a la asfixia del presente, pues nos invita a no abdicar del anhelo de «respirar aire fresco», buscando en la miseria de lo existente las huellas de una posible liberación.
Invitamos a retomar la filosofía radical de Marcuse, no para repetir sus fórmulas, sino con el objetivo de tomarle el pulso a las transformaciones de los últimos cincuenta años para reactivar la imaginación política, a partir de un arco dialéctico desde la génesis de su pensamiento hasta su reactivación en el presente latinoamericano. Es arco busca elucidar
1.- La génesis de su pensamiento en relación con la crisis de su época desde la fenomenología al materialismo para identificar cuáles son los efectos históricos de la crisis epocal que atravesaron la Teoría Crítica de Marcuse, con lo que buscamos analizar el impacto del ascenso del fascismo y el fracaso de la revolución alemana en la configuración de una teoría que se rehúsa a la abstracción. (Bibliografía: Entre fenomenología y marxismo; Sobre Marx y Heidegger).
2.- El método de la sospecha y la dialéctica de la técnica para ubicar la especificidad de la propuesta teórico-conceptual y metodológica que sustentan sus postulados, con la revisión del método marcuseano que integra el psicoanálisis y la crítica de la economía política para desentrañar la racionalidad tecnológica. (Bibliografía: Entre hermenéutica y teoría crítica; Escritos sobre ciencia y tecnología).
3.- La clausura del universo político y la unidimensionalidad estableciendo las diferencias entre las condiciones sociales de la Teoría Crítica en el contexto de Marcuse y las de la actualidad, destacando el contraste entre el Estado de bienestar del siglo XX y la precariedad neoliberal del XXI para entender cómo la dominación se ha sofisticado. (Bibliografía: El hombre unidimensional; Guerra, tecnología y fascismo).
4.-El análisis de la tecnología, dominación y subjetividad contemporánea, para identificar de qué manera los postulados centrales de Marcuse nos permiten pensar la sociedad contemporánea, echando mano de categorías como «desublimación represiva» y «principio de rendimiento» para analizar el capitalismo digital y la fatiga cognitiva actual. (Bibliografía: Herbert Marcuse y los orígenes de la Teoría crítica; Escritos sobre dialéctica y marxismo).
5.- La intrínseca relación entre estética y praxis para los horizontes de emancipación en América Latina, destacando en qué sentidos la lectura de la herencia de Marcuse habilita horizontes práctico-teóricos en nuestros contextos, a partir de explorar la «dimensión estética» como forma de resistencia y la vigencia del «Gran Rechazo» en las luchas sociales actuales. (Bibliografía: La dimensión estética).
Este itinerario busca desarrollar una capacidad analítica para intervenir críticamente en las configuraciones sociales, estéticas y tecnológicas que definen nuestra contemporaneidad, recuperando la crítica radical de la sociedad de mediados del siglo XX, pues, como él mismo decía, lo que ha envejecido no es falso; lo que hoy parece «inactual» es precisamente lo que tiene la fuerza para interpelar nuestra gris cotidianeidad.




