Genitrix. El comienzo de un mundo
El pasado 30 de junio del año en curso (2026), en el marco del XLI Coloquio Internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos, “Modelo para ensamblar. Responder al siglo XXI”,[1] tuvo lugar la exposición de una serie de intervenciones por parte de estudiantes del posgrado. Una de ellas, “Pulsión travesti”,[2] expuesta por Dani Escamilla, llamó particularmente mi atención. Su presentación, que sugiero al lector que escuche en la liga a la que refiero en la nota dos, fue una reflexión acerca del asedio histórico de la disposición capitalista del sensorium cifrado en la actualización de la precariedad entendida como el efecto de la reducción de prácticas reflexivas y de elaboración debido a la instalación fáctica de anular alternativas de la existencia. Esta política de la subjetividad estrecha la relación al deseo hacia su dimensión racional en la forma de la mercancía. En este sentido, capitalizarse, acreditarse, es salvarse. En otras palabras: circunscribirse a la identidad neoliberal positivamente desde la aceptación, sin más, del sobreentendido es renunciar a la pregunta y, con ella, a la falta y su cualidad de comienzo. Esta renuncia lleva consigo medidas de dominación que pasan desde la adaptación, la exclusión y la aniquilación. Es en este tipo de medidas en las que Dani se detuvo para señalar las inconsistencias y transgresiones por parte de las legislaciones en México, las alianzas que hay con la policía y las funciones de las instituciones familiares desde el inicio del siglo para con las personas trans. Este panorama es interpelado, siguiendo a Dani, por dos prácticas: escribir y andar. Esta fue la formulación que leyó: «La escritura es, quizá, la más travesti de las pulsiones. / Caminar tierra adentro de sí./ Con la experiencia propia como oráculo». Aguijoneado por las formulaciones, me interesa ampliar y compartir unas notas que tomé al vuelo en su momento.
En 1980 circuló en un número especial de Yale French Studies el ensayo “Historia y antropología en Lafitau”,[3] escrito por Michel de Certeau. Este texto es un estudio historiográfico acerca de la emergencia de una forma inédita de escritura en Occidente que dio lugar a la etnología como heterología. El caso analizado fue el libro Costumbres de los salvajes americanos comparadas con las costumbres de los primeros tiempos (1724) del jesuita Joseph François Lafitau (1681-1746). Más puntualmente, el punto de partida del análisis fue el frontispicio del impreso titulado “La escritura y el tiempo”. A lo largo de diversos apartados esta imagen es descifrada desde distintas perspectivas guiadas por la composición misma y por el contenido de más de 1000 páginas de los dos volúmenes del libro en cuestión. En esta ocasión, me concentraré en la escritora.

“La escritura y el tiempo#, frontispicio de J.-F. Lafitau, Mœurs des sauvages…, París, Saugrain lÁîné et Charles Étienne Hochereau, 1724 (Foto Biblioteca del Museo de Historia Natural de París).
Respecto a la escritora, Certeau señaló que esta, al ocupar el lugar central del grabado representando al autor, hace de «Madre-escritura». La naciente figura del autor, al aparecer «disfrazado», inscribe a la escritora como madre en la serie de alusiones a la maternidad que leemos en el frontispicio, en el que aparecen referencias a personajes como Eva, Diana de Éfeso, etcétera. ¿Un jesuita travesti? ¿Cuáles son las implicaciones de esta expresión en el horizonte ilustrado europeo del siglo XVIII? La escritura moderna, para Certeau, se diferencia de las Escrituras de la experiencia retórica del medioevo por la producción del sentido. En vez de interpretar y escuchar la Escritura –la Voz divina– la Modernidad, ante el silencio y el hueco del locutor originario, advino con la figuración inédita hasta entonces del productor. Productor y dominador del espacio, el sujeto proviene del hoyo que lo aguarda. En este sentido, la escena que en retrospectiva podemos enmarcar para comprender la diferencia entre una cultura escritural y una oral, es la del frontispicio de Lafitau. El sujeto, en este caso la Madre-escritura, está aislada entre las ruinas del tiempo. Un tiempo, por cierto, ordenado por un Padre del que solo queda su ausencia palpable en el intervalo de su retirada, en el infrafino (Duchamp). Ante la ineludible desintegración de la existencia y la pérdida de un orden, Lafitau, travestida en Madre-escritura, escribe, ficciona un comienzo. Esta «erótica del origen», siguiendo a Certeau, afirma a su vez dos momentos de la escritura: el de la gramatización instrumental –transformación del mundo en lengua científica– y el del esfuerzo del mortal, del errante, por hablar, por comenzar.
«La escritura es, quizá, la más travesti de las pulsiones», mencionó Dani. Sin duda. La escritura, desde el siglo XVIII, se vuelca a sí misma. Esta escritura produce dispositivos que no cesan de crear ficciones, simulacros que señalizan la ausencia del otro. Escribir: erótica de una búsqueda de lo que no está. Si la escritura no puede unirse con lo que designa, debido a que lo designado es otro respecto a lo que su designación, queda el amor al juego de la lengua y al ejercicio de esculpir incesantemente las palabras para liberarlas de su supuesta coincidencia. La escritura así planteada es no-toda (Lacan). La Madre-escritura recibe, se abre, se separa para recibir eso que alojara y expulsará escrituralmente como el resto y el vestigio de un excedente del lenguaje, irreductible a la comunicación. Para recibir eso, curiosamente, contrario a lo que podríamos suponer en la inmediatez, implica adentrarse a una misma. Aventura de la fractura, de la partición, de la escisión que sostiene a la identidad en tanto que es otra consigo misma. «Caminar tierra adentro de sí./ Con la experiencia propia como oráculo». Escribir: duelo y comienzo. Despedida y arribo incesantes.
Si con Dani sostenemos que «la escritura es, quizá, la más travesti de las pulsiones», una herencia y un horizonte escritural llama a continuar explorando las implicaciones de los comienzos a los que ha dado lugar la escritura. Y, por qué no, inventando dispositivos que la transformen.
[1] Aquí el programa del coloquio: https://17instituto.org/xli-coloquio-internacional/
[2] Aquí la intervención de Dani Escamilla ( ver del minuto 21:38 al 28: 57) y de otros estudiantes del posgrado de 17, Instituto de Estudios Críticos. https://www.youtube.com/watch?v=mvwhyAxzBVA&t=116s
[3] Cfr. Michel de Certeau, “Historia y antropología en Lafitau”, en El lugar del otro. Historia religiosa y mística, tr. Victor Goldstein, [2005] 2007, pp. 99 – 126. A propósito de este texto, en 2025 entrevisté a la historiadora Cecilia Pacheco, en el marco de la serie La cámara secreta: leyendo a Michel de Certeau, acerca de su lectura de este ensayo. Está disponible en la siguiente liga: https://www.youtube.com/watch?v=_qrlxZ0eYmA&t=3707s De Cecilia Pacheco, sugiero la lectura del siguiente texto, en el que ahonda acerca de relación Certeau-Lafitau: https://beyonddimensionsrevista.com/2026/05/01/la-etnologia-como-liberacion-de-la-escritura-en-michel-de-certeau/

