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Las primeras psicoanalistas. Una genealogía del psicoanálisis (vol. 1)

Compartimos un fragmento de Las primeras psicoanalistas: una genealogía del psicoanálisis A-F de Elena Bravo Ceniceros (México, Ediciones Navarra, 2026), así como el texto de presentación del mismo volumen leído por Sara Sutton durante la 2a Feria Internacional del Libro Pensamiento Crítico, el sábado 5 de septiembre de 2026.

Las primeras mujeres que participaron en el movimiento psicoanalítico no sólo fueron objeto de estudio, sino también creadoras de conocimiento, practicantes e innovadoras. Ampliaron y desafiaron los postulados freudianos al abordar temas como las psicosis, la feminidad, la técnica analítica, el psicoanálisis infantil, el masoquismo, el narcisismo, la pulsión de muerte, las relaciones de objeto, la psicosomática o la aplicación del psicoanálisis a la educación. A pesar de la relevancia de sus aportes, muchas de estas mujeres enfrentaron enormes obstáculos para ejercer su profesión. Vivieron en un contexto donde el acceso a la educación y al espacio público les era restringido, y donde se esperaba que su lugar fuera exclusivamente el hogar. Aun así, desafiaron las normas patriarcales, estudiaron, escribieron y construyeron un legado que exige ser leído con atención.

La falta de reconocimiento hacia estas autoras es una injusticia histórica y representa también una pérdida para la teoría y la práctica psicoanalíticas contemporáneas. […]

Las autoras aquí reunidas enfrentaron múltiples barreras para acceder a la educación; algunas incluso tuvieron que migrar para conseguirlo. Muchas desafiaron la censura, la discriminación o el exilio, y también las tensiones internas del propio movimiento psicoanalítico.

Aunque el psicoanálisis fue uno de los pocos espacios intelectuales donde las mujeres pudieron participar desde sus inicios, las desigualdades han persistido. Las voces de mujeres, personas racializadas y disidencias sexuales siguen estando subrepresentadas tanto en la producción teórica como en los espacios de legitimación del saber psicoanalítico. Este libro es también una invitación a reflexionar sobre cómo despatriarcalizar y diversificar el campo. Ojalá motive a nuevas lectoras y lectores a descubrir las contribuciones de estas pioneras, a reconocer su lugar en la historia del psicoanálisis y a integrarlas activamente en nuestra práctica contemporánea.

Recuperar sus obras no implica idealizarlas ni atribuirles, retroactivamente, un lugar que quizás no reclamaron. Se trata, más bien, de reescribir una genealogía del psicoanálisis menos lineal, más conflictiva y plural. No busco reivindicarlas únicamente por su género ni convertirlas en una categoría homogénea. Algunas de ellas compartieron, como sus colegas varones, los prejuicios de su tiempo: patologizaron la homosexualidad o la decisión de no tener hijos; reprodujeron lógicas coloniales, eurocentristas, eugenésicas o racistas. Muchas no tuvieron ninguna conciencia de clase. Varias sostuvieron una concepción esencialista de la feminidad o reafirmaron la idea de una envidia del pene inherente a las mujeres. Sin embargo, también hubo quienes introdujeron críticas tempranas a la normatividad sexual, a los mandatos de género, a las jerarquías profesionales e, incluso, a la autoridad patriarcal dentro del propio dispositivo analítico.

Algunas repensaron la técnica, los criterios de formación, la dirección de la cura o las condiciones institucionales del análisis, y en más de un caso anticiparon debates que hoy nos interpelan desde los feminismos contemporáneos. Esta tensión entre la reproducción y el cuestionamiento de los discursos dominantes es parte de lo que hace imprescindible su lectura. No se trata, por lo tanto, de construir una genealogía pura, sino de reconocer en estas autoras un archivo contradictorio, en disputa, que refleja las fisuras de su época y que sigue atravesando, de manera aguda, al psicoanálisis de hoy.

Elena Bravo Ceniceros.