Blog Taller de Futuros


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Quizás, como propone el activista Ailton Krenak en El futuro es ancestral: «…no podemos rendirnos a una narrativa de fin de mundo que nos aterra y ensombrece, porque esa narrativa sólo sirve para hacernos desistir de nuestros sueños, y dentro de nuestros sueños están las memorias de la Tierra y de nuestros ancestros». Y para ello propone el término florestanía: «un pacto socioecológico inclusivo… se abandona la lógica antropocéntrica y utilitaria de la explotación y se asume la lógica ecocéntrica de la mutualidad que implica respeto mutuo y sinergia». La florestanía amplía el círculo de la ciudadanía para otorgar derecho a la vida a miles de especies de plantas: un pacto que garantice al resto de los seres vivos espacio, agua y alimento. Darles la calidad de sujetos con derechos, no sólo de recursos naturales. Crear una gramática viva.

Dolerse por el Padre muerto o delirar fervorosamente su retorno

Desde las revoluciones burguesas y la llamada muerte de Dios, la gran pregunta ha sido la de los lazos sociales —y de las formas del poder, el saber y la subjetividad— que pueden surgir una vez caído ese padre. Desde entonces, una y otra vez, asistimos a intentos alternantes por elaborar el duelo por ese padre muerto o por delirar fervorosamente su retorno. Imposible no pensar aquí en los supremacismos y en los populismos de diverso cuño que se organizan en torno a la figura del caudillo como padre redivivo.

La universidad ante el futuro

Intervención de Mario Luis Fuentes, Presidente del Patronato de la UNAM, en la sesión inaugural del XL coloquio internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos. Durante la misma, Fuentes abordó su visión del quehacer universitario en la coyuntura actual, como parte de sus reflexiones acerca del papel a cumplir por el Taller de Futuros del Colegio de San Ildefonso.

Taller de Futuros Colegio de San Ildefonso

Imaginar futuros exige, antes que nada, aprender a observar el presente de otra manera. No como un escenario que diagnosticamos desde afuera, sino como un entramado que nos incluye y nos afecta. Nuestra percepción no es neutra: está atravesada por miedos, hábitos y prejuicios. Por eso es fundamental asumir que nuestro punto de vista está sesgado. Si olvidamos esa condición, dejamos de escuchar y comenzamos a imponer.

La disputa cultural por el futuro. Por una universidad de lo incalculable.

Hoy el futuro no puede pensarse como promesa ni como horizonte progresivo, sino como peligro absoluto que irrumpe en el presente y exige reorganizaciones profundas y aceleradas. Importa hoy no por lo que vendrá, sino por lo que ya nos alcanzó y presiona directamente las formas actuales de vida, de conocimiento y de institución. El futuro es estructuralmente incalculable y exige una apertura radical. La sustancia activa del futuro no es el cálculo ni la previsión, sino la incertidumbre, la parcialidad y en última instancia la oquedad estructural y estructurante que atraviesa cualquier constructo intelectual, cultural, social, económico y operativo.