Blog de la Caravana

Contra la corrección: sociedad civil frente a la eugenesia contemporánea

La eugenesia no pertenece únicamente al pasado ni a los regímenes totalitarios del siglo XX. Sus lógicas de “mejoramiento” persisten en el presente, reconfiguradas en discursos técnicos, prácticas institucionales y políticas públicas que continúan clasificando, excluyendo y corrigiendo a quienes no encajan en ideales normativos de productividad, autonomía y pertenencia. Frente a ello, la sociedad civil organizada, junto con la aplicación de la teoría crítica, ha desempeñado un papel clave para visibilizar estas violencias y disputar sus efectos a través del derecho, la acción colectiva y la participación comunitaria.

 

La psicología y la psiquiatría, cuando se ejercen de manera acrítica, tienden a reducir a las personas a diagnósticos que delimitan la supuesta “sanidad” mental, desatendiendo su historia, sus condiciones materiales y su contexto social. Esta lógica clasificatoria tiene influencias históricas y epistemológicas de corte eugenésico, al trazar fronteras entre lo normal y lo desviado y al definir quiénes deben ser corregidos para ajustarse a ideales hegemónicos de autonomía, funcionalidad y productividad. En este marco, resulta relevante el concepto de higiene mental —antecedente directo de la noción contemporánea de salud mental—, que articuló saberes médicos y morales para legitimar la intervención, la vigilancia y la normalización de las subjetividades consideradas problemáticas.

La herencia eugenésica en el México posrevolucionario

En el México posrevolucionario, particularmente entre las décadas de 1920 y 1940,[1] estos discursos influyeron de manera decisiva en las políticas de salud, educación y asistencia social. Si bien no existió un sistema estatal de exterminio, sí se promovieron prácticas de institucionalización, segregación y normalización orientadas a la “limpieza social” y a la corrección de quienes no encajaban en el ideal de una nación moderna, productiva y saludable.

Estas políticas no desaparecieron con el paso del tiempo; por el contrario, sus lógicas se transformaron y permanecen inscritas en sistemas de creencias, marcos normativos y prácticas cotidianas que perpetúan la hostilidad hacia ciertas poblaciones.

Racismo, blanquitud y la idea de “mejorar la raza”

El lenguaje permite rastrear la continuidad de estas jerarquías. Expresiones como “mejorar la raza” revelan una valoración implícita que suele privilegiar la blanquitud y desvalorizar los cuerpos morenos e indígenas. Un ejemplo ilustrativo ocurrió en 2012, cuando la presencia de una niña rubia en situación de calle en Guadalajara[2] generó alarma social, en contraste con la indiferencia habitual frente a niñas y niños indígenas o morenos en condiciones similares. El escándalo no se centró en la explotación infantil, sino en las características consideradas “poco usuales” de quien habitaba el espacio público en condiciones deplorables.

Eugenesia y violencia institucional

Cuando estas ideas se traducen en políticas públicas avaladas por la ley, la violencia institucional se normaliza. Un caso representativo ocurrió en 2015, cuando tres personas indígenas fueron deportadas a Guatemala por agentes migratorios mexicanos. A pesar de portar documentos oficiales, fueron torturadas para que afirmaran no ser mexicanas, bajo el argumento de que “no parecían” nacionales.

Este caso revela la pregunta profundamente problemática que subyace a estas prácticas: ¿cómo luce una persona mexicana? No existe un fenotipo nacional. Este tipo de razonamiento responde a lógicas de casta que siguen operando en el derecho y que, en contextos de control migratorio y de seguridad, resultan especialmente peligrosas. El caso fue litigado por IMUMI (Instituto para las Mujeres en Migración, A.C,)[3] en coordinación con el equipo de la Clínica Jurídica del PUDH-UNAM de aquel entonces, logrando el reconocimiento de violaciones a derechos humanos, una disculpa pública y una indemnización estatal.

Discapacidad, tutela y negación de la capacidad jurídica

Otra expresión contemporánea de estas lógicas eugenésicas se manifiesta en la negación de la capacidad jurídica de personas con diagnósticos psiquiátricos. En 2016, desde esta misma clínica jurídica, se diseñó —mediante un modelo de enseñanza práctica del derecho que posteriormente incorporó un enfoque interdisciplinario— una estrategia de desinstitucionalización psiquiátrica implementada en un albergue del estado de Morelos, donde vivían 35 personas con discapacidad derivada de diagnósticos psiquiátricos.

La estrategia se desarrolló en dos líneas: por un lado, un proceso de desinstitucionalización a través del modelo de vivienda comunitaria autogestionada Open Hábitat; por otro, la creación de Entropía Social, A.C., una organización civil integrada exclusivamente por personas con discapacidad, incluidas aquellas que habían sido institucionalizadas de manera forzada.

El proceso enfrentó múltiples obstáculos jurídicos y actitudinales. El notario se negó a reconocer la capacidad de las personas para constituir la organización, rechazó la figura de apoyos y se opuso a que el acto constitutivo fuera explicado en una versión accesible. Tras cuatro años de litigio, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió en 2020 que debía reconocerse su derecho a la capacidad jurídica, a la toma de decisiones y a la libre asociación.

No obstante, al momento de ejecutar la resolución, el DIF había retirado a dos mujeres del albergue y restringido todo contacto con ellas, alegando una tutela inexistente. Aunque acudieron al acto notarial, no se diseñó ningún mecanismo de apoyo para que pudieran expresar su voluntad. Las autoridades sostuvieron que no tenían capacidad para decidir, delegando esa valoración a las psicólogas que fungían como figuras de apoyo, reproduciendo así el mismo esquema de suplantación de la voluntad que el fallo buscaba desmontar.

El papel de la sociedad civil hoy

Estos casos muestran que la eugenesia no es un residuo del pasado, sino una racionalidad que sigue organizando quién puede decidir, quién pertenece y quién es considerado plenamente humano. Frente a ello, la sociedad civil —a través del litigio centrado en la persona, la organización colectiva y la creación de modelos alternativos de vida comunitaria— se posiciona como un actor fundamental para cuestionar estas lógicas y construir otras formas de convivencia basadas en la dignidad, la diversidad y la autonomía.

Desmantelar la eugenesia contemporánea implica no solo transformar las leyes, sino también los saberes, las prácticas institucionales y las creencias que sostienen la exclusión. En esa tarea, la participación activa de las personas históricamente medicalizadas, racializadas o tuteladas no constituye un gesto simbólico, sino una condición indispensable para una sociedad que dice valorar la vida y la singularidad.

 

[1] https://signoshistoricos.izt.uam.mx/index.php/historicos/article/view/685

[2] https://www.proceso.com.mx/nacional/2012/10/30/nina-que-pedia-limosna-conmueve-sociedad-por-su-color-de-piel-110233.html

[3] https://www.proceso.com.mx/nacional/estados/2019/11/7/el-inm-ofrece-disculpa-publica-indigenas-chipanecos-confundidos-con-migrantes-233936.html