Recibí una invitación de BMF para exponer sobre el área que coordino en 17 durante el coloquio celebrado en el marco de la conmemoración por sus 25 años de existencia. Planeado como un encuentro dedicado a dar cuenta del recorrido histórico del instituto, evaluar la actualidad de su propuesta y “poner a prueba” las herramientas conceptuales y metodológicas que se han elaborado bajo su manto, recibí la encomienda de abordar la noción de “extemporización” —vocablo del español que hemos optado por revivir para pensar la improvisación desde una perspectiva desconstructiva— y dar cuenta de por qué 17 puede ser caracterizado como un “instituto improvisante”. El encargo de la ponencia era la continuación natural de un texto que escribí para la edición que el European Journal of Psychoanalysis le dedicará a 17 —de próxima publicación—, en donde precisamente argumento que, en tanto proyecto educativo afirmativo para con la singularidad de l_s estudiantes, la posuniversidad se sostiene en la capacidad institucional para improvisar —entendiendo por ello una planeación dedicada a la escucha del caso particular y el acogimiento de trayectorias por encima de programas—. En todo caso, dado que recién había escrito un ensayo que abordaba la misma temática, me vi en el gozoso aprieto de evitar(me) ser repetitivo.
Extemporizar: la improvisación en los territorios de la ñ
Siempre se comienza por el medio; cualquier acción no es sino una tentativa. Siguiendo estas máximas de la improvisación, parto con una reflexión parcial, siguiendo el ritmo propio de la escritura, sin otra pretensión que la de elaborar una invitación –o, mejor dicho, una llamada, para usar una noción central en la música negra– a atender y ensamblarse con las actividades que comenzamos a desarrollar en el área de Estudios de la improvisación del Instituto.

