Pensar la crisis del presente exige atender a una serie de condiciones históricas que se entrelazan. Entre ellas resultan ineludibles las transformaciones tecnológicas y su impacto en los procesos cognitivos, la reconfiguración geopolítica contemporánea y las mutaciones en los procesos de subjetivación. Estas condiciones no operan de manera aislada, sino que confluyen en un fenómeno que llama la atención por habilitar, de un lado, la concentración de un poder económico global y desterritorializado que ya no reconoce fronteras soberanas y, por otro, el resurgimiento de formas contemporáneas de autoritarismo ancladas precisamente en los Estados-nación. La compatibilidad de estas dos lógicas —a saber, la de aquella que disuelve las soberanías territoriales y otra que las reactiva de manera autoritaria— da cuenta del agotamiento del proyecto civilizatorio de la Ilustración y exige adoptar una actitud crítica con sus categorías. Si aún se necesita la crítica es porque tal agotamiento no se correspondió con una renuncia a los ideales de libertad, soberanía y emancipación.





