La universidad pública no se afirma ni se declara ni se proclama bajo alguna identidad. Se expone continua e infinitamente hacia lo desconocido, hacia lo inestable y lo irreductible de la pluralidad que le es propia a la vida. Es, entonces, un ejercicio análogo a aquello que Maurice Blanchot nombró la comunidad inconfesable: un colectivo que se constituye y reelabora no por la homogeneidad de sus miembros, sino por la vulnerabilidad compartida que les convoca a habitar juntos la incertidumbre, la divergencia y el devenir. En el contexto que vivimos —esa trama fluctuante de aspiraciones, fracturas y anhelos que también nos habitan—, la Universidad se debate entre dos pulsiones: el resentimiento descrito por Nietzsche, que demanda castigos y purgas desde el encono del deber heterónomo mirando hacia el pasado, y la gratitud activa, que nos invita a transformarnos autónomamente desde el juego que articula la memoria y la promesa como fuente de alegría ante aquello innombrable que siempre está por venir.
Blog de la Caravana
Paisajes en ruina: El Eternauta como constelación crítica
La reciente adaptación cinematográfica de la serie “El Eternauta”, producida por Netflix y bajo la dirección de Bruno Stagnaro, revitaliza uno de los relatos más emblemáticos de la ciencia ficción argentina, escrita en su versión original en formato historieta (cómic) por Héctor G. Oesterheld entre 1957 y 1959.
Síncopa, cerezo y cempasúchil: el Cuarteto Mexicano de Jazz en el Hamamatsu Sounds in 2024.
Con un cuerpo prestado que no produce sombra alguna, floto sobre un espacio donde ventanas estilo shoji hacen armonía con la arquitectura digital. El brillo de la pantalla ilumina las fotografías que ahí se exponen. Mientras tanto, se escucha un pianista mexicano tocando una pieza compuesta por un jazzista negro estadounidense a partir de música tradicional japonesa. Al igual que en este espacio sin puertas no tiene sentido preguntarnos por nuestra procedencia, carece de sentido alguno preguntar por la propiedad de esta música, que tiene como uno de sus legados más grandes la producción de diferencia en un medio donde la mezcla siempre ha sido impulsada. (En el principio fue la polinización). En este pequeño mundo en el que me paseo suspendido en el espacio, se tambalean las fronteras que suelen distanciar la tradición de la vanguardia, lo japonés de lo mexicano, la imagen del sonido, y quizás el pasado del porvenir.
Una escucha improvisada
Escuchar es la clave de la libre improvisación. Es el nexo de todo lo demás, lo que da sentido al discurso, el espacio en el que se codean percepción y concepción. Orienta la navegación y define la ubicación. Escuchar –que no tocar– es el acto más voluntarioso, más solidario y más inteligente del improvisador. Es también el que más cuesta y el que más distingue.
Wade Matthews, Improvisando. La libre creación musical.
Producir silencio: escucharnos mejor
Gracias, Erick Vázquez, por referir en tu blog al coloquio “Máquina productora de silencio. La improvisación en y más allá de la música y las artes”. Tu escrito nos brinda la posibilidad de volver sobre el encuentro, sus componentes y argumento.
Al parecer, experimentamos dos eventos muy distintos. Donde nosotros impulsamos la instalación del campo de los Estudios de la Improvisación en los territorios de la ñ y promovimos la amplia colectividad que le corresponde, tú habrías preferido un programa centrado en la comunidad de músicos improvisadores de la Ciudad de México, a la que por supuesto convocamos en el amplio marco planteado: por eso invitamos a sus miembros a aportar al escenario emergente de los Estudios de la Improvisación a la par de una legión de colegas, provenientes de distintos circuitos y países.


