Investigación


Investigación

Nuestra formación

A lo largo de más de 20 años, 17, Instituto de Estudios Críticos ha madurado un dispositivo de interacción colectiva y trabajo intelectual y creativo (sobre el cual puede leerse, de una de nuestras egresadas, el texto Vino nuevo en odres viejos) cuyas huellas, felizmente, ya son visibles; de modo que pueden conocerse con facilidad y ponderarse. Además de los testimonios de nuestros estudiantes, las trazas del planteamiento y del método que le corresponden pueden detectarse en las tesis doctorales y proyectos realizados por nuestros posdoctorantes y maestros. Dentro de la notoria diversidad de nuestros estudiantes, los frutos de su trabajo muestran claramente las marcas de una manera muy específica de conducir cotidianamente todas las facetas que integran nuestros espacios de formación -intelectuales, performativas e, incluso, administrativas. Este ha sido uno de los mayores intereses del emprendimiento a lo largo de su historia: servir como la sede de una práctica de campo en tiempo real, una maqueta 1:1, en que ha podido probarse la hipótesis de la crítica puede ser concebida como un lazo social, en dos vertientes, subjetivante e instituyente (tal como se describe aquí y acá).  Compartimos diversos indicios que permiten conocer su naturaleza y la experiencia que arroja: que el lector juzgue su eficacia.

Nuestra campaña

En 2024 damos un nuevo giro de tuerca a la verbalización original de 17, Instituto de Estudios Críticos: una máquina productora de silencio. Por un lado, este sintagma es el título de nuestro XXVII coloquio internacional, dedicado a la improvisación. Por otro lado, reafirmamos la comprensión de que el Posgrado en Teoría Crítica, como el Instituto que es su marco y el Ensamble Crítico que es sedimento de sus prácticas  reflexiones a lo largo ya de dos décadas, presupone la operación de dicha máquina con miras a promover un pasaje, como reza nuestra campaña del presente semestre, del silencio a la escrituraA modo de aproximación a algunas de las implicaciones de dicha máquina, en seguida un fragmento del ensayo «Notas sobre 17 a diez años de fundado», escrito por Benjamín Mayer Foulkes en 2011.

El Kosmos como filosofía de la historia

Alejandro Cheirif nació en la Ciudad de México el 26 de julio de 1983. Murió prematuramente en 2017 a la edad de 34 años. Cursó sus estudios de educación básica (secundaria y preparatoria) en el Colegio Israelita de México. Realizó sus estudios de licenciatura en la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Desde los primeros semestres de la carrera entró en contacto estrecho con un grupo investigadores del Departamento de Historia de la misma universidad. Cabría destacar a Luis Vergara, Perla Chinchilla, Jane Dale Lloyd y Ricardo Nava, entre otros. Fue donde yo lo conocí personalmente, sobre todo en los cursos que más le interesaban y a los que asistía asiduamente: historiografía de la Ilustración, historia conceptual y, sobre todo, el de historia intelectual. Trabamos una amistad muy estrecha y convivimos durante varios semestres. Alejandro comenzó a ocuparse intensamente de la teoría y los problemas de la escritura de la historia, el tema —y la pasión— que absorbería su vida intelectual. Un tema en el que se adentró a través de los debates entre los historiadores más significativos de su época, y cuyo centro ha girado desde entonces en torno a la preocupación por el sentido y sinsentido de la historia. El Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana le fue propicio para desarrollar sus intereses. En los años noventa y principios del siglo XXI se convirtió, en la época, en uno de los pocos centros en América Latina —el único en México— ocupados en la reflexión sobre las premisas fundamentales del conocimiento histórico y su crisis desde los años noventa.

En los últimos semestres de la licenciatura, en el año de 2006, fue invitado como asistente de investigación al Colegio de México, donde colaboró con el Dr. Guillermo Zermeño en el proyecto para desarrollar los estudios sobre las escrituras poscoloniales de la historia en los siglos XIX y XX. En el año 2007 obtuvo la beca Edmundo O’Gorman —un disputado concurso— para desarrollar un trabajo sobre la continuidad y la discontinuidad en la escritura de la historia moderna. El texto que resultó de esta investigación fue publicado en 2012 en una edición conjunta entre el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y la Universidad Iberoamericana. Un ensayo radicalmente original que traduce la problemática formulada por Michel Foucault sobre la continuidad y la discontinuidad de los saberes sociales al campo de la historiografía. 

En 2008 se dirigió a París para emprender sus estudios de posgrado en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales en el marco del seminario de investigación de François Hartog. Ahí estudió con mucho éxito la maestría y el doctorado, que redundaron en dos textos que, por su audacia y originalidad, habría que dar a conocer en español: “Historia como retórica, fábula y género literario”, una exploración de las singularidades de la historia entre los siglos XVI y XVII; y “De cristianos, modernos y salvajes”, que es un primer intento de establecer una historia conceptual sobre las figuras que protagonizaron la emergencia del orden colonial desde la perspectiva de los viajeros europeos. En el período que permaneció en Francia publicó varios artículos nodales sobre aspectos fundamentales de la teoría de la historia, entre ellos un texto sobre “La metodología de Edmundo O’Gorman¨, así como reseñas de libros y entrevistas con destacados intelectuales europeos.

2014 fue uno de los años más fructíferos de su producción intelectual. Los textos que inician la desconstrucción de la mirada de Alexander von Humboldt aparecieron en la UNAM y en la revista de estudios internacionales especializada en la obra de Humboldt. También una intrépida y fecunda interpretación sobre la teoría de la historia conceptual de Reinhart Koselleck, acaso uno de los ejes del pensamiento del propio Alejandro.

Al retornar a México, se dedicó a impartir clases en el CIDE, la Universidad Iberoamericana y 17, Instituto de Estudios Críticos. En este último se resguardaron las versiones manuscritas de sus clases. Varios centenares de páginas en las que se despliegan de manera extraordinaria reflexiones sobre los principales representantes de la teoría crítica en la segunda mitad del siglo XX.

También se han preservado varios centenares de páginas de su correspondencia, cuyo valor para adentrarse en el mundo intelectual de las primeras décadas del siglo XXI es incalculable.

En su conjunto, los escritos de Alejandro representan una de las recepciones más lúcidas en México sobre los debates que ocuparon al quehacer teórico de los historiadores en los últimos treinta años, así como un documento excepcional para asomarse a la historia intelectual que rodeó a estos debates.

Es muy urgente publicar el conjunto de su obra. En sus páginas se encuentran los elementos fundamentales de un pensamiento original y prolífico, así como el testimonio de una vida empeñada en hacerse las preguntas que el mundo intelectual arroja sobre sus artífices y protagonistas.

 

Ilán Semo

 

 

Rafael Fernández López

En la universidad hay una presión para que uno declare su identidad como académico en términos de un pensar en cuanto seguimiento de un objeto o persona. Esta presión revela el registro identitario que estructura el sistema académico. Como estudiante de doctorado, soy parte institucionalmente de tal registro. Sin embargo, como intento demostrar en este texto, este registro no es inescapable. Mi trabajo es resultado de la necesidad de imaginar un camino alternativo del pensar en cuanto seguimiento: un camino hacia un pensar que no esté definido por la urgencia de seguir algo o a alguien, sino que permanezca suspendido en un seguimiento silencioso y sin camino. Un pensar que rehúse confesar su camino en nombre de un objeto o persona. Esta es la huida que ofrezco en este texto.

Pensar en cuanto huida necesita entenderse dentro de lo que Alberto Moreiras llama “el registro marrano”. Ser marrano en términos intelectuales es darse cuenta de la presión ejercida por la identidad, no dejando que ésta determine el camino del pensar de uno. Esta es, tal vez, la razón por la cual he viajado y estudiado en diferentes países desde que acabé mis estudios de Filología Clásica en la Universidad de Barcelona en 2014. Primero viví en los Países Bajos donde cursé una maestría en European Literatures and Interculturality en la Universidad de Groningen. Después de ello, opté por el doctorado en Hispanic Studies en Texas A&M, donde ahora trabajo en diferentes áreas, de la filosofía continental al cambio climático. Este es un camino que avanza de forma posacadémica, esto es, por fuera de la presión del registro identitario. Un camino que se encuentra en la intersección de diferentes caminos, sin dejarse atrapar por ninguno en concreto. Un camino sin camino, un camino marrano.

Arte y posmemoria. El arte como constructo social/político para la dignificación de las víctimas

El arte, la creación cultural en general, entraña un compromiso social/político. La Declaración de México de 1982 de la UNESCO dice que “la cultura hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos” y es ahí donde radica ese compromiso. Si tenemos la posibilidad de hacer algo por los/as demás, de crear con nuestro trabajo un altavoz desde …