Blog de la Caravana

Devenir escritura 

Palabras pronunciadas el 7 de septiembre de 2023, en ocasión de la Instalación del Archivo Néstor A. Braunstein en el Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM), Ciudad de México. La grabación de la ocasión permanece aquí

Bienvenidos todos, todas, todes. Es un gusto enorme estar aquí con ustedes. Agradezco su presencia, lo mismo que la presencia de la directora de este Centro de Documentación e Investigación Judío de México (CDIJUM), Tessy Schlosser, como la de Daniel Koren, desde París, y la de Sergio Rodia, aquí mismo.


Es irónico que dispongamos exactamente de 50 minutos para este acto de Instalación del Archivo de Néstor A. Braunstein, como si de una sesión psicoanalítica freudiana se tratara. Pues lo que está en juego sin duda se presta mucho más al tiempo lógico tematizado por Lacan, que al tiempo cronológico. Pero ahí tienen ustedes: la vida, que siempre ha de interpelarnos.

Éste, que es un acto inaugural, es para muchos –para mí también– a la vez el primer acto público luctuoso por la partida de Néstor A. Braunstein quien, como es de común conocimiento, decidió irse hace exactamente un año, en la ciudad de Barcelona, España. 

Así lo dio a conocer en una comunicación privada, que –debido a una serie de motivos de los que el propio Néstor se ocupó largamente, con mucha profundidad, a lo largo de más de diez años– pronto se hizo pública, en el entorno digital. Quedó entonces, como un punto a debatir: ¿este resonante texto de despedida, el “Addio”, forma, o no, parte de su corpus?

Personalmente, pienso que sí, que el “Addio” en efecto pertenece a su producción autoral. En todo caso, privado o público (¿y qué no es a la vez privado y público para el psicoanálisis?), este último escrito puede leerse como un manifiesto. Lo que nada de raro tiene, tratándose de Néstor. Claramente, él no sólo pensó largamente acerca de los por qué y los cómo de su propio fallecer, sino que los escribió y nos los ha dado a leer, meditar y debatir. No dudo en considerarlo, incluso, como una suerte de último acto analítico. 

¿Pero habrá sido el último? El archivo que hoy instalamos es, centralmente, el acervo de un escritor. Verán que esto tiene una importancia particular. Tratándose de un archivo, bien puede venirnos en mente el título del reciente libro de Javier Guerrero a propósito de los archivos de varios literatos latinoamericanos, Escribir después de morir. El sintagma capta la vitalidad constituyente, y no sólo constitutiva, de los archivos, vitalidad que quiero subrayar precisamente en este acto, que es también un acto de duelo. 

Más propiamente, sin embargo, quizás lo que este acto marca es el definitivo devenir escritura de Néstor, lo que no es sino un alumbramiento. Como él mismo ha explicado: leo, por ejemplo, un pasaje suyo tomado de “Ningún ‘retorno a lo inanimado’”, intervención preparada para una reunión a celebrarse, como dice él, en el  triste año 2020 a propósito de los 100 años nada menos que de Más allá del principio del placer, la inmensa contribución de Freud. Al no verificarse ese encuentro, Néstor publicó el respectivo texto en su blog, recién en abril del 2021: 

Para ser, si puedo, más contundente, propongo, en términos a la vez próximos y distantes de los de Freud, que las pulsiones habrán completado su misión no por el retorno a lo inanimado sino por la producción de un nuevo e inédito inanimado, engendrando un cúmulo de restos inertes, que son y quedarán como trazas, desechos, excreciones del pensamiento viviente, destinados a sobrevivir a los cuerpos mortales de hombres y mujeres. La pulsión culmina en la escritura de su fracaso. (…) Un avance desde el inanimado inorgánico que hubo antes de la vida a otro inanimado, sin relación con el primero, que persistirá más allá de la vida. (…) En síntesis: No retornamos a lo inanimado. Vamos hacia ello escriturando la vida. Es la irresistible pulsión de muerte.

Ya lo ven. Néstor no sólo hace un manifiesto de su partida, sino que articula de antemano su propia muerte como un acto escritural. De donde se desprende que su archivo, el archivo de un escribidor –cuyo quehacer en, y por, el psicoanálisis no podría entenderse sin su orientación gramatológica– no es, ni puede ser un incidental. Como tampoco nuestra instalación del mismo, que es su inscripción en lo que en la tradición judía llamamos el Libro de la vida

¿Será irónico, entonces, que su archivo quede instalado, bajo la figura de un comodato, precisamente aquí, en el Centro de Documentación e Investigación Judío de México, al ser él alguien, como dice Groucho Marx, que nunca pertenecería a un club que lo admitiera como socio, tal como Néstor dejó claro siempre, en todos sus clubes de adscripción?

Como expresó hace unos días en una comunicación personal la entrañable Betty Fuks, autora de Freud y la judeidad. La vocación de exilio, obra traducida por Sonia Radaelli y publicada en México a instancias de Néstor: «No podría haber un lugar más adecuado: Néstor era un judío no judío… es decir, disfrutaba, como Freud, de algo que para ambos era del orden indecible: una judeidad comprometida sólo con el devenir-judío.»

“Nada cabe agregar”, al menos por ahora. “De ahí el obligado paso a la escritura aquí rubricado con mi signatura.” Son éstas las últimas palabras del “Addio”: nuestra instalación del Archivo Néstor A. Braunstein consiste justamente en el rubricado definitivo de su signatura, allí donde el nombre del archivo corresponde a su nombre propio.

¡Pero hay tanto de qué hablar!

Por eso, en colaboración con el CDIJUM, una vez instalado este precioso archivo que, desde ahora, podrá recibir toda suerte de documentos relativos a la obra y la persona de Néstor, en 17, Instituto de Estudios Críticos, del que Braunstein fue Consejero fundador, lo activaremos de múltiples maneras. Así haremos a través del área de Estudios de la historicidad, bajo la coordinación de Andrés Gordillo, en compañía de colegas como Francisco Robles Gil. Basta una sola pregunta para comprender la oportunidad de tal activación: ¿por qué y cómo es que, hasta ahora, el psicoanálisis en México no ha hecho archivo, al menos públicamente?

Por eso, también, en virtud de lo mucho que hay para decir, es que el trigésimo sexto coloquio de 17, Instituto, a celebrarse al final de este próximo enero, 2024, estará dedicado a Néstor A. Braunstein. 

De un modo no poco borgiano, Néstor no solo nos legó la biblioteca de sus libros firmados, y la biblioteca –indefinidamente escribible, para decirlo con Barthes– que los nutrió, sino también esa otra biblioteca, inconmensurable a la vez que concreta, inscrita por el manifiesto de su partida y la sostenida anticipación de su propio devenir escritura. Esto nos deja, tiernos lectores que somos, ante una labor terminable e interminable a la vez que infinitesimal e infinita, como sólo podría ser, dado nuestro deseo -paradójicamente común- de la diferencia absoluta. 

Evoco para concluir los nombres de tres apasionadas escribidoras que fueron en su momento compañeras de Néstor: Frida Saal, Tamara Francés y Elsa Andrade Heymann, quien felizmente vive.

Mi reconocimiento a Enrique Schmelnik y Tessy Schlosser, sucesivos directores del CDIJUM, quienes nos recibieron con tanta generosidad y conocimiento de causa. Gracias también a mis compañeros archivistas Koren, Rodia, Robles y Gordillo. En lo personal, quiero agradecer asimismo a mi amada Beatriz Miranda, como también a Susana Bercovich, Jessica Bekerman y Ana Hounie, a la par de todas esas decisivas presencias sigilosas, sin las cuales esta instalación no habría sido posible.

Traté a Néstor a lo largo de más de treinta años y puedo decir que fue un periplo increíble, y un inmenso privilegio.

Muchas, muchas gracias.